Ranas

 

¿Quién no ha cogido alguna vez alguna rana? Bueno, al menos, quién no las ha visto al borde los ríos, los estanques, las charcas…

Donde haya alguna extensión de agua, allí puede haber ranas, es más, es muy probable que las haya, porque estos animalitos son “todo terreno”: lo mismo les da que el agua sea corriente que más o menos estancada, que sea clara y limpia o que esté sucia o contaminada. Las ranas se adaptan a todo y en todos los sitios pueden vivir, desde un río a un arroyo, pasando por lagos, estanques, charcas, canales, estanques o incluso arrozales.

La especie más normal en nuestro país en la rana verde o “Rana perezei” o sea, la “rana de Pérez” que debió ser quién le dio el nombre.

Rana verde flotando en aguas limpias, aunque el fondo sea fangoso.


Como pasa en la mayoría de ranas y sapos las hembras son mayores que los machos (casi el doble) y hacen unas puestas muy abundantes de entre cinco y diez mil huevos, acumulados en bloques pegajosos que se quedan en el fondo o se adhieren a las plantas acuáticas. En esta fase y hasta que pasen de ser renacuajos a pequeñas ranitas son comidos por culebras de agua, tritones, insectos acuáticos o aves.

Puesta de rana con renacuajos en distintas fases, desde que salen del huevo hasta que les salen las patas traseras.


Cuando son ranas adultas tienen que seguir teniendo cuidado con las culebras de agua (a las que les encantan), pero también con las cigüeñas, los patos, las garzas y hasta con la lechuza común, a la que también le gustan estos apetitosos “bocaditos verdes”.

Y es que por la noche están más tranquilas y descuidadas, ya que prefieren el día para hacer sus tareas que consisten en descansar bien en tierra (siempre cerca del agua) o bien bajo ella ya que aguantan bastante porque pueden respirar a través de su fina piel. También se ocupan de alimentarse, lo que hacen a base de cazar otros animalillos como son las moscas y los mosquitos dejándoles que se acerquen o haciéndolo hacia ellos muy despacito hasta que puedan proyectar su pegajosa lengua y atraparlos.

También cazan arañas, lombrices (cuando salen de tierra, claro), babosas y hasta algunos pequeños peces e incluso pequeñas ranas. O sea que pueden ser algo caníbales.

Viven bastante, hasta 10 años, más de lo que en principio se pudiera pensar por su pequeño tamaño y su aparente fragilidad.

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Cogerlas no es tan fácil pero yo veía a mi padre como las pescaba utilizando como cebo un trocito de trapo rojo pinchado en un anzuelo. Se lo aproximaba con la caña hasta que la rana se acercaba pensando que era algún animalillo comestible y se tragaba todo. Mi padre tiraba y muchas veces conseguía engancharla con el anzuelo. Todo esto lo hacía con fines gastronómicos, pues le encantaban las ancas de rana bien fuera fritas o rebozadas.

Afortunadamente ahora son otros tiempos y aunque este plato sigue existiendo en algunos bares y restaurantes las ranas son animales protegidos que está prohibido cazar. De hecho ya no se utilizan como animales para diseccionar en las prácticas de colegios y universidades, donde era bastante corriente usarlas para experimentos de laboratorio. A pesar de que se las anestesiaba con cloroformo, lo cierto es que era un triste final para muchos ejemplares de estos animales tan preciosos y curiosos que llevan en nuestro planeta muchos millones de años.

Nuestra amiga Manuela y Diego intentan descubrir ranas en un pequeño arroyo.
Rana verde muy disimulada entre las plantas de la orilla del arroyo.
En este primer plano sí la vemos perfectamente.


Sin embargo no es fácil encontrarlas pues, aunque oigamos su canto, será difícil distinguirlas entre la vegetación y, más aún, cuando se sumergen y esconden en el fondo. Entonces es prácticamente imposible capturarlas, o no ser que usemos algún tipo de red.

Y en eso es especialista Diego, que tuvo una época en la que disfrutaba cogiéndolas con un artilugio que le permitía capturarlas con cierta facilidad.

En el Parque del Retiro de Madrid las ranas han colonizado unos ríos artificiales en los que Diego aprovecha su red para jugar a capturarlas.
 


A pesar de que las aguas de estos ríos artificiales no están demasiado limpias ya que son reutilizadas mediante un sistema de bombeo, las ranas viven en ellas y además hay bastantes. Dos de estos riachuelos están relativamente cerca, por lo que las ranas pueden trasladarse de uno a otro. Para ellas esto no es nada porque de hecho son capaces de recorrer notables distancias por la noche para irse de una zona acuática a otra y gracias a eso las jóvenes pueden encontrar nuevos lugares donde vivir o bien si se seca o contamina una zona, son capaces de irse a otra donde puedan adaptarse.

Una vez capturadas, Diego deja a las ranas sobre el césped.
A veces las capturas se amontonan. En este caso una rana se subió encima de la otra pero por puro azar, sin ningún interés reproductivo.


Las ranas suelen saltar desde el césped hasta alcanzar el agua en la que vuelven a sumergirse. A veces Diego prefiere ser él mismo el que las lleve hasta la orilla en su mano y echarlas de nuevo al medio en que mejor se desenvuelven.

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Sin embargo no nadan tan rápido y lo hacen en línea recta de manera que no es difícil cogerlas buceando, claro está en una piscina como la de nuestros amigos Marimar y Jesús que está en pleno campo y tiene muy poco cloro. Así que Diego y yo aprovechamos para coger las que deciden “darse un chapuzón” en esa piscina natural y soltarlas en el riachuelo próximo.

Hay que coger las ranas con cuidado porque si las apretamos podríamos dañar sus órganos internos.
Rana verde dispuesta a saltar desde la mano de Diego al riachuelo donde la capturó.


La piel de las ranas es como un uniforme de camuflaje que les permite disimularse tanto entre la vegetación como sobre un lecho de piedras, así como en la superficie del agua, sobre todo si esta tiene algas que, al ser también verdes, se confunden con su piel.

   
Ranas sobre distintos lugares (piedras y agua), demostrándonos como pueden pasar desapercibidas gracias a los colores de su piel.


Las ranas suelen tener lugares desde los que descansan y aprovechan también para cazar algún animalillo que pase por allí, sobre todo insectos.

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Rana perfectamente disimulada sobre una piedra que le sirve de lugar de descanso a la vez que de cazadero de alguna mosca o mosquito que pase cerca.


Por debajo las ranas verdes son blancas con objeto de evitar ser vistas por predadores que puedan atacarlas desde abajo, por ejemplo los lucios.

Siendo blanco por abajo es más difícil que alguien que nade por debajo de ti te vea, por ejemplo un lucio, a los que les encanta comer ranas. En la foto Diego sostiene a una ranita poco antes de echarla otra vez al agua.


Otra especie de rana bastante común en nuestro país es la llamada “rana bermeja”, en latín “Rana temporaria”, que debe su nombre a tener una coloración teóricamente rojiza. Y decimos “teóricamente” porque esto no siempre es así ya que, menos verde, puede tener distintos colores: parda, rosada, amarillenta, gris o incluso casi negra. Por debajo puede ser naranja clarito, amarilla o blanquecina, teniendo manchas las hembras lo que las sirve para distinguirlas de los machos.

Esta es una preciosa rana bermeja encaramada en una piedra.


A diferencia de la verde, que es más diurna, a la bermeja le gusta más la noche aunque también es visible de día, dependiendo de zonas y épocas del año. Esta rana depende menos del agua, pudiendo vivir en bosques o prados, aunque no desdeñe las zonas con agua, de la cual depende para su reproducción.

No queremos terminar este capítulo dedicado a estos anfibios sin hablar de la ranita de san Antonio (“Hyla arborea”). El diminutivo “ranita” proviene de su pequeño tamaño en relación a sus congéneres, siendo también típico de ella su color verde brillante aunque a veces puede ser parda y manchada.

Ranita de San Antonio colgada de una ramita como suele ser su costumbre a la espera de algún insecto que llevarse a la boca.


Le gustan las zonas húmedas donde existe vegetación en las orillas, moviéndose con gran soltura entre las ramas de los juncos, carrizos, espadañas, etc. Desde allí caza los insectos de los que se alimenta, haciéndolo a veces “al vuelo” gracias a los saltos que es capaz de dar.

Como es seguro que en algún momento, incluso sin buscarlas, os encontréis con alguno de estos animalitos, esperamos que sepáis algo más sobre ellos. Lo más probable es que veáis ranas verdes, que son las más abundantes, pero puede que descubráis alguna de las otras especies que hay en nuestro país. Procurar observarlas con atención porque son muy curiosas: te puedes pasar mucho tiempo simplemente observándolas. Y si las capturáis, hacedlo con mucho cuidado, tratadlas con cariño, hacedles alguna foto y enseguida soltadlas allí donde las habéis apresado. ¿A que son preciosas?

Nota: La foto de la rana bermeja la hemos sacado de una página web que se llama “educastur” y la de la ranita de San Antonio de otra llamada “nogueranaturalmente.com”. El dibujo de la rana con su puesta y los renacuajos es de Elena Padró y Miquel Zabala que hacen ilustran la colección de libros VIVAC de la Editorial Teide tal y como os dijimos ya en el apartado “Lagartijas”

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