Lagartijas

 

A Diego y a mí nos encanta coger lagartijas. No creáis que es fácil pero nosotros las tenemos muy estudiadas y conocemos donde están y como se esconden, así como la mejor manera de cogerlas sin hacerles daño y, por supuesto, soltarlas una vez las hemos cogido.

Pero antes de nada vamos a presentarnos. Me llamo José Javier y en su día (hace ya muchos años) estudié la Carrera de Biológicas, especialidad de Zoología, aunque no me dedico a los animales como profesión. Diego es mi hijo que tiene 12 años y le encantan los animales.

Y este soy yo en el mismo sitio, bueno en esta zona hay unas zarzas y ortigas que las lagartijas aprovechan para protegerse de los intrusos como nosotros.
Este es diego cogiendo un caracol en la pared del cementerio de Reinosa (Cantabria) donde empezamos a coger lagartijas.


Vamos a hablar de las lagartijas más normales que hay en España, las que es más probable que veamos y/o cojamos saliendo al campo o en cualquier pueblo o ciudad. La más normal de todas es la llamada “lagartija hispánica o ibérica”, en latín “Podarcis hispanica”:

Y esta es una lagartija hispánica o ibérica a la puerta de su cueva en un soleado día de verano.
Aquí está otra vez Diego en el mismo sitio, junto a este olmo tan precioso.


También hay otra lagartija muy común que es la llamada “lagartija colilarga”, en latín “Psammodromus algirus”, llamada así por la extensión de su cola, la cual supera la del propio cuerpo.

Lagartija colilarga que vimos en Extremadura, en las estribaciones de la Sierra de Gredos.


A propósito de eso de todos es sabido la facilidad con que las lagartijas pierden su cola. En realidad no se es que se la quitemos al ponerles la mano encima sino que son ellas mismas las que la rompen mediante un mecanismo increíble. De esta forma la lagartija se escapa y como además la cola sigue moviéndose durante bastante tiempo, muchas veces el animal que ha intentado cazarla queda sorprendido y sin saber qué hacer. El caso es que muchas lagartijas se salvan así de una muerte segura. Y lo más sorprendente aún es que la cola les vuelve a salir y de hecho es frecuente ver lagartijas a las cuales les ha crecido una nueva cola. Incluso este fenómeno les puede suceder más de una vez en su vida.

Sin embargo la pérdida de la cola tiene consecuencias para el animal, puesto que la nueva no es ni tan grande ni tan flexible ni resistente como la primitiva. Así que las lagartijas con segundas o terceras colas se mueven con más dificultad, regulan peor la temperatura de su cuerpo y pierden parte de su atractivo sexual, ya sean machos o hembras. Así que cuidado al capturar lagartijas, procurad hacerlo con cuidado para que no piérdanla cola y, ante la duda, mejor será dejarlas en paz y limitarnos a observarlas y hacerles algunas fotografías.

La vida de las lagartijas oscila entre los tres y los cinco años (a veces más), gran parte de los cuales los pasan hibernando en las cuevas o grietas donde habitan. No obstante si el día es soleado, pueden salir a tomar el sol o incluso capturar algún insecto si es que los hay.

En primavera y verano se alimentan de pequeños saltamontes, escarabajos, pulgones, grillos, etc. o bien arañas, así como larvas de distintos insectos. A veces son capaces de comerse a sus propias crías si consiguen cazarlas, claro. A su vez las lagartijas son bocado preferido de lagartos, víboras, culebras, aves como la urraca, los cernícalos, los alcotanes, los alcaudones, etc., o mamíferos como la comadreja, el gato montés o el propio gato doméstico.

Los machos defienden su territorio de los otros machos, pudiéndose presenciar algunas peleas espectaculares. Esto tiene lugar entre los meses de marzo y junio. Los vencedores tienen acceso a las hembras a las que prácticamente “capturan”. Estas excavan pequeños huecos en la tierra donde depositan los huevos (de 3 ó 4 hasta 15 o más, según especies) y de los que al cabo de cinco semanas o a veces hasta casi tres meses, salen unas pequeñas lagartijitas que tardan un año en hacerse mayores. En el mismo año pueden hacer dos o tres puestas.

En este dibujo se pueden ver los huevos de los que están empezando a salir las pequeñas lagartijas.


Y por último hablaros de otra lagartija muy común en nuestro país que se llama “lagartija roquera”, no porque le guste el rock sino porque suele vivir sobre las rocas o muros. Su nombre científico es “Podarcis muralis” y su aspecto lo podéis ver en la siguiente foto:

Lagartija roquera en la grieta de un muro.


Es característico su colorido a base de manchas blancas, negras y pardas que dan a su piel un aire de “leopardo”, muy típico de esta especie.

Para terminar una recomendación: observad las lagartijas porque sus movimientos son muy curiosos y a veces tan rápidos que no parece que sean reptiles. Si tenéis suerte podréis ver como son capaces de cazar algún insecto, incluso volador. Y si os decidir a capturar alguna, hacedlo siempre con cuidado, procurar que no tenga que desprenderse de la cola y, una vez que la hayáis visto con detenimiento y hecho alguna foto, soltadla en el mismo sitio donde la habéis cogido.

Lagartija ibérica en manos de Diego, poco antes de ser liberada.


Es lo menos que podemos hacer con unos animales que llevan en nuestro planeta más de 50 millones de años, cuando nosotros apenas llevamos dos. ¡Recordad que provienen nada menos que de reptiles de la época Terciaria que empezó hace 65 millones de años!

 

Nota: la foto de la lagartija roquera la hizo un gran fotógrafo de la naturaleza llamado Álvaro Oporto y el dibujo es de Elena Padró y Miquel Zabala que hacen las ilustraciones de una fenomenal colección de libros que se llama VIVAC y los publica la Editorial Teide.

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