Cigüeñas

 

No recuerdo si llegué a creerme la leyenda de que las cigüeñas son las que traen los bebés a las casas, pero la verdad es que no deja de ser tan curiosa como bonita y ha dado lugar a muchísimos cuentos, libros, narraciones, películas, etc. Hoy día supongo se seguirá contando, aunque cada vez menos, claro.

Aunque no he tenido un trato directo con las cigüeñas sí que las he admirado y lo sigo haciendo, porque su vida es más que interesante. Mi padre, que era cazador, me decía que no se podía tirar a una cigüeña, que estaba totalmente prohibido, porque comían muchos animales dañinos para el campo. Y supongo que también porque ese mito de traer a los niños desde París hacía que la gente les tuviera un cariño especial.

Lo típico es que las cigüeñas hagan sus nidos en las torres de las iglesias:

Cómo estas de Canencia, un precioso pueblecito en la provincia de Madrid.
   
O estas de Colmenar Viejo, todavía más cerca de Madrid, donde las hay a montones.


Pero como cada vez hay menos iglesias y más cigüeñas, han tenido que ingeniárselas y utilizar otros muchos sitios:

Estas han escogido unas antenas de televisión antigüas, en una zona entre Arganda y Chinchón.
O los postes de cemento que hay cerca.
¡Hasta los árboles les pueden servir!
O esta casita tan coqueta.
   
Que tiene unos cuantos nidos en los tejados: en el suyo y en el de la casita de al lado.


Pero, ¿cómo hacen el nido las cigüeñas?

Pues a base de mucho trabajo y mucha paciencia, que estos animalitos tienen en cantidades industriales. Lo peor es al principio, o sea, el primer nido, porque luego ya se trata de ir “haciendo reformas”. Y es que siguen utilizando el mismo nido de un año para otro ya que, aunque cuando empieza a hacer frío emigran a tierras del sur, normalmente a África, vuelven otra vez al mismo que dejaron.

El primero que llega es el macho, allá por San Blas (como dice el dicho) o sea a primeros de febrero, o incluso antes. Y enseguida se pone a trabajar. A los pocos días llega la hembra y, entre los dos, ponen a tono “el pisito”.

Utilizan ramas, barro, trapos, cepellones de trigo o cebada, líquenes, musgos, plásticos…, en fin, todo lo que pillan.

A veces en el nido, aparte de las cigüeñas, hay otros animalitos:

Como estas grajillas de cabeza gris (Corvus monedula), que son felices viviendo en la misma casa que nuestras amigas cigüeñas.
   
Las cotorras monje argentinas (Myiopsitta monachus), que están por todas partes, no podían faltar en estos nidos.


Las cigüeñas, a las que los científicos llaman Ciconia ciconia (o sea “ciconia al cuadrado”), son muy educadas y se saludan continuamente. Lo hacen el macho y la hembra que, después de pasar el invierno separados, vuelven a juntarse en primavera para criar. ¿Cómo se encuentran? Quizás porque saben dónde está su nido. ¿Y cómo lo saben? Pues gracias a las estrellas y al Sol, que les sirven de guía en sus migraciones.

Las parejas son de por vida y solo se cambia si uno de ellos muere. El “noviazgo” es muy curioso y tiene unas formas fijas que hacen que dos cigüeñas, macho y hembra, decidan “casarse” para siempre:

Aquí se representa un “noviazgo” típico: la hembra es la de la izquierda y el macho el de la derecha


Cuando se vuelven a juntar después de meses sin verse se repite la ceremonia del noviazgo. Es como decir “eres tú, ¿verdad?” Luego, una vez ya instalados en su hogar convenientemente “reformado”, hay otro tipo de saludos. El más llamativo es el del llamado “crotoreo”, que consiste en echar el cuello hacia atrás y hacer un ruido parecido a un castañeteo con el pico.

Este ruido, que es muy suyo y se oye en primavera en todos los pueblos, no es siempre el mismo, sino que hay varios tipos de crotoreos: pueden ser de alarma, de simple preocupación o de “ganas de marcha”, entre otros.

Hacer el amor entre cigüeñas es complicado porque las patas son largas y el macho lo tiene un poquito difícil, pero todo es cuestión de apañarse y los “cigüeños” lo hacen, ¡vaya si lo hacen!

El acoplamiento es complicado por la longitud de las patas, pero cuando hay amor…
La pareja con sus polluelos en pleno “crotoreo”.
   
Y este pidiendo comida, el tío.
Estos dos están siendo anillados por voluntarios de la SEO (Sociedad Española de Ornitología).


A finales de marzo o durante el mes de abril, la hembra pone normalmente 4 huevos; a veces solo 1 y otras hasta 7. La hembra los incuba por la mañana y por la tarde el macho la releva.

A los treinta y tantos días empiezan a nacer los pollos que se llaman “cigoñinos” y tienen un plumón blanco. Cada dos días nace uno y pesan unos 70 gramos, mientras sus papis están en los 4 kilos y medio, más o menos. Son muy ruidosos y hacen todo tipo de gemidos, maullidos, silbidos y hasta pequeños crotoreos, todo para llamar la atención de sus papas.

Lo que quieren es que devuelvan la comida que traen en el buche, sin digerir apenas, para comérsela ellos. Unos más que otros, porque a lo peor los más pequeños se quedan sin comer e incluso pueden morirse de hambre. En esos casos sus propios padres se los comerían a ellos, lo que nos puede parecer cruel, pero no deja de ser muy práctico.

Otra cosa que hacen, y que nos puede parecer “bestial”, es echar del nido a algunos pollitos si los padres consideran que hay muchos y que no va a haber comida para todos. Los tiran abajo y se quedan tan tranquilos.

Pero esto no es lo habitual, sino que normalmente los papás cuidan y alimentan a su prole. Y cuando esta va creciendo, en lugar de en el buche, la comida se transporta directamente en el pico y puede ser muy variada, como lo es la dieta de las cigüeñas.

Va desde ranas, sapos, culebras (de tierra y de agua), tritones, lagartijas, lagartos y otros anfibios o reptiles, hasta mamíferos como topos, topillos, ratones, etc. e incluso alginas crías de conejo o de liebre. Los insectos también son importantes, sobre todo saltamontes, langostas y escarabajos. No desprecian las lombrices de tierra o los gusanos, las libélulas y sus larvas, los escarabajos acuáticos ni los caracoles. A veces comen también peces o pollitos de otras aves, así como todo tipo de restos que pueden encontrar en basureros.

Lo de Valdemingómez en Madrid es una pasada, porque está lleno de cigüeñas en la zona de la incineradora. Y también hay muchísimas en Rivas-Vaciamadrid, por los vertederos que hay por allí.

Panorámica del vertedero de Valdemingómez.
¡Hasta en el Metro de Rivas hay un nido!


Además de la comida también el agua es importante, así que las cigüeñas tienen que llevársela a sus polluelos, a los que literalmente “duchan”, pero así consiguen por un lado refrescarles y por otro que algo de agua beban. También es muy bonito ver como extienden las alas sobre los pollitos para protegerles tanto del sol como de la lluvia.

Con todos estos cuidados los jóvenes cigoñinos crecen que se las pelan y al mes y medio ya son tan grandes como sus papis, aunque el pico es marrón y las patas más amarillentas que rojizas. Les gusta hacer ejercicios de vuelo con sus alas a la vez que dan saltos sobre el propio nido. A los dos meses ya empiezan a volar, aunque están otros 15 días más con sus papás, durmiendo en el nido, eso sí, un poquito “apelotonados”.

En cuanto se independizan, las jóvenes cigüeñas empiezan a viajar hacia el sur, lo que hacen en pequeños grupos. Y, tras los jóvenes, van los mayores, que se hacen unos viajecitos de aúpa, las famosas “migraciones de las cigüeñas”. Las que viven al oeste, o sea, las españolas, las francesas y las alemanas (del oeste del río Elba) cruzan hacia África por el estrecho de Gibraltar, pasado el cual se unen a las norteafricanas y vuelan por encima del desierto de Sahara para pasar el invierno en las sabanas de Mali, Senegal y Nigeria. A veces incluso llegan hasta Rhodesia o Sudáfrica.

Las cigüeñas del este de Europa cruzan por el estrecho del Bósforo, atraviesan volando Turquía, Siria e Israel y llegan a África por Egipto. Así llegan a Sudán y otros países del este y sur del continente africano.

Para hacer estos viajes las cigüeñas aprovechan las corrientes de aire caliente que ascienden, lo mismo que hacen otras muchas aves, pero también los aviones de vuelo sin motor o los globos aerostáticos. Por eso aprovechan los estrechos para pasar de un continente a otro, porque sobre el mar océano no hay estas corrientes.

En este mapa se puede ver donde hay cigueñas.
Y en este como se mueven (o movían) a lo largo del año.


Esto lo hacían miles de cigüeñas al año y hablamos en pasado porque ahora se han hecho menos viajeras y ya hay muchas que no se mueven de donde tienen el nido. ¿Por qué? Pues porque están en países donde se las protege mucho, tienen bastante comida y además los inviernos son cada vez menos fríos.

Por ejemplo en la zona de Miraflores, también muy cerca de Madrid, hay unas poblaciones de cigüeñas estables que son muy felices. Tienen sus nidos por los pueblos de alrededor, sobre todo en Colmenar Viejo, como vimos al principio.

Esta vuela majestuosamente, con la sierra madrileña de fondo.
En estos prados encuentran bastante comida, mucho mejor que la de los vertederos.
En cuanto nos acercábamos un poco daban un vuelecito, así que no fue fácil hacerles fotos de cerca
   
¡Tuvimos suerte de conseguir estos primeros planos!


En general las cigüeñas son muy tranquilas, pero también pueden pelearse entre ellas o mejor dicho, entre ellos, porque son los machos los que pueden luchar por el nido si antes de que llegue la hembra llega otro macho que pretende arrebatárselo. Entonces puede haber pelea a picotazos que puede acabar mal. Suele ganar el macho que llegó primero y que era el verdadero “propietario”.

Aunque las cigüeñas viven muy bien en los países europeos, también tienen enemigos, sobre todo el hombre, ¡como no!. Las pulverizaciones de herbicidas y plaguicidas sobre los cultivos contaminan sus alimentos, lo que puede resultar nefasto para ellas. Los productos tóxicos que se vierten sobre las lagunas y los estanques tampoco es que les favorezcan, pero muchas veces el problema es que la zona húmeda desaparece porque se decide desecarla para su “aprovechamiento”.

En África se combaten las plagas de langosta con pulverizaciones de insecticidas desde avionetas, y a nuestras amigas les encantan las langostas, así que se meten en el ojo del huracán sin saberlo. Además en este continente las cigüeñas no son tan respetadas como en Europa, por lo que la caza también puede ser un problema para ellas. Y en sitios teóricamente más “civilizados”, las antenas y los cables de alta tensión aumentan su mortalidad, así como la de otras aves. Es una pena porque, si no les ocurre nada accidental, las cigüeñas pueden vivir más de 20 años.

Aparte de las blancas, hay otra especie de cigüeña bastante parecida pero de colores y costumbres distintas. Es la cigüeña negra, de las que hay pocas en España y muchas más en Europa oriental y central, desde el norte de Alemania y Dinamarca hasta los llamados Estados Bálticos y los Balcanes, habiéndolas también por Rusia e incluso Asia media y central hasta Corea.

Esta es la distrubición de la cigüeña negra, en España muy escasa.


En nuestro país solo hay cigüeñas negras en algunos sitios, sobre todo en Extremadura, aunque también pueden verse algunas en Toledo, Salamanca, Ciudad Real, Zamora y Córdoba. Ponen sus nidos bien en rocas (de acantilados, con o sin río), bosques de encinas, alcornoques, o pinos piñoneros.

Aquí se ven las diferencias entre las cigüeñas blancas y las negras.


Los nidos son enormes, hechos a base de ramitas que -sobre todo el macho- le va dando a la hembra, que es quién suele colocarlas, aunque también sale a por ellas. Después el nido se forra con musgo y tallos de trigo, cebada, avena, etc.

Lo mismo que las blancas, es el macho el que llega primero al nido (el mismo del año anterior) y luego llega la hembra. También son parejas estables para toda la vida que tienen sus rituales, como vemos ahora:

El macho da vueltas alrededor de la hembra.
Luego picotea su cuello.
   
Después la cópula, un poquito complicada…
Luego es la hembra la que picotea el cuello del macho.
   
Los dos entrelazan sus cuellos.
Y después viene el resultado: los huevos. En los relevos de la incubación la pareja se saluda abriendo las colas en abanico.


La hembra suele poner entre tres y cinco huevos que son verdosos por dentro y no amarillos, como los de las blancas. Los incuba sobre todo ella, mientras el macho pesca o está posado vigilando el nido. Cuando la hembra sale para comer él la releva, y así durante entre 35 y 42 días.

Aquí están los cuatro huevitos sobre el musgo y las ramitas del nido.


Y, por fin, nacen los pollitos con su pulmón blanco que da gusto verlos, aunque aproximarse sea muy difícil por la situación de los nidos.

Por ejemplo este lo pusieron en un acantilado, ¡cómo para acercarse!
El pico naranja de estos pollos es muy distinto del de sus congéneres blancos (¡que es negro!).


Los padres los alimentan, claro, de manera parecida a la de sus congéneres blancas. O sea, a base de devolver el alimento semidigerido sobre el nido. Lo que pasa es que como estas cigüeñas son muy pescadoras, el olor que hay en el “nidito” os lo podéis imaginar… En este caso suele haber dos “comidas” al día, una por la mañana y otra al atardecer.

Los pollos cambian pronto el primer plumón y son bastante espabilados. Si se sienten en peligro reaccionan con sonidos, crotoreos, etc. La verdad es que las negras son mucho más ruidosas en general que las blancas, y disfrutan de más “vocabulario”. Y si tienen que darle un picotazo a alguien se lo dan. También os digo que los pollitos son muy cuidadosos para “ir al baño”: siempre fuera del nido, por lo que en los alrededores hay señales que no dejan dudas.

Están en el nido unos 60 o 70 días y luego empiezan a dar sus primeros vuelos con sus padres, hasta sus “comederos”. Tienen el pico verde oscuro y las patas negruzcas; las plumas de cabeza, cuello y buche son pardas en lugar de negras.

Como os decía, a estas cigüeñas les gusta bastante pescar: se meten en sitios de aguas poco profundas (charcas, orillas de lagos o embalses, etc.) e intentan ensartar con el pico a los peces u otros animalitos que estén por allí. Sus presas son barbos, bogas, “cachos”, etc., así como culebras de agua, ranas, galápagos pequeños, renacuajos e incluso insectos acuáticos. También pueden “cazar” en tierra, sobre todo cuando hace calor. En este caso sus presas suelen ser insectos, en especial saltamontes.

Igual que las blancas, las negras también emigran, pero algo más tarde, desde finales de agosto hasta mediados de octubre, más o menos. Se forman grupos de unas 30 que cruzan por Gibraltar hasta África. Las del resto de Europa lo hacen por el estrecho del Bósforo, a través del cual llegan también a África, pero más al este o al sur que las nuestras. Las que viven en Asia invernan en la India, que no es mal sitio.

Entre febrero y abril vuelven otra vez a sus “cuarteles de verano” para criar y, ya en marzo, suelen estar haciendo “arreglos” en los nidos. En abril ya tienen los huevos puestos, así que en mayo nacen los pollitos que “se examinan de vuelo” a finales de junio.

Y esta es la vida de las cigüeñas, las blancas y las negras. Las primeras están muy protegidas, de momento no hay problema con ellas. Pero las negras son mucho más escasas, así que muchísimo cuidado porque se trata de una de nuestras “joyas animales”.

 

Nota: La foto del vertedero la saqué de “Valdemingomez/crónica verde”, la del nido en el Metro de Rivas de “Drivas magazine.wordpress.com”, la de los dos pollitos de cigüeña blanca de “Seotalaverablogspot.com“ y la de la cigüeña blanca que alimenta al pollito de “Forodefotos.com”. Las fotos que son copiadas las escaneé de la Enciclopedia Salvat de la Fauna del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente. El resto de fotos son mías. Saqué información, sobre todo, de esa Enciclopedia, que sigue siendo magnífica, y de la página de mis amigos de “www.pajaricos.es” que también es muy buena.

 

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