Caracoles

 

Ya en el primer capítulo dedicado a las lagartijas os hablábamos de que en la pared donde las cogíamos había también caracoles. Pero este no es el único sitio donde los hemos cogido. También en el Parque del Retiro de Madrid, justo detrás de la zona donde estaban las “fieras” del antiguo zoo Diego y yo hemos cogido estos animalitos de los que os vamos a hablar ahora.

Como seguramente sabéis pertenecen al grupo de moluscos llamados “gasterópodos” que quiere decir “estómago en los pies”. Y es que los caracoles arrastran su zona blanda donde se encuentra entre otros órganos el estómago.

En este esquema vemos como el estómago está situado a lo largo del pie del animal, de ahí el nombre del grupo.


A pesar de que son animales relativamente sencillos y primitivos, lo cierto es que tienen todos los órganos como se puede ver en el esquema anterior. Respiran por una especie de pulmón situado en un hueco en la zona superior de la concha. Es muy curiosa su boca con filas de pequeñísimos dientes y que se llama “rádula” con la cual “raspan” los vegetales como si fuera una lima.

Hay muchos tipos y especies de caracoles, pero aquí solo hablaremos de los más normales, es decir, de los que os podéis encontrar paseando por el campo.

El más frecuente es el caracol común llamado por los científicos “Helix aspersa”. Lo de “hélix” es porque la concha va formando una hélice a medida que crece.

Este caracol lo podemos encontrar en muy distintos sitios pero en todos ellos debe haber humedad y vegetación. Es muy frecuente en parques y jardines, en zonas de setos o de hiedra, sobre todo si vamos por la tarde o incluso anochecido. También después de llover es un buen momento para encontrarlos.

Es muy normal ver a estos caracoles por entre las hierbas.
Algo menos corriente es verlos subir por los troncos de árbol, pero también es posible.


Los caracoles pasan gran parte de su vida dentro de la concha, protegidos por una película de su famosa “baba” que se seca al contacto con el aire y se pega a la pared, la hoja o el tronco donde hayan decidido “acampar”. También pueden hacerlo a unos centímetros por debajo del suelo. Cuando las condiciones son favorables rompen la protección y salen a “caminar”, eso sí, sin prisas, arrastrándose tranquilamente sobre su musculoso pie gracias a las contracciones laterales de éste. Pueden andar sobre el filo de un cuchillo o incluso una hoja de afeitar, pero no pueden hacerlo sobre polvo porque les faltaría apoyo para su musculoso “pie” y su baba no les serviría para deslizarse.

Para lo que sí les sirve, aparte de para suavizar su camino, es para curarse de posibles heridas y librarse tanto de infecciones de bacterias u hongos como de las hormigas.

Por delante del caracol van sus dos ojos situados sobre las antenas y debajo de la boca dos palpos con los que ir tanteando el terreno y oliendo a la vez. Así van descubriendo los vegetales de los que se alimentan. Si decidís tener algún caracol en casa (como hacía yo de pequeño) no le deis de comer lechuga porque les causa diarrea. Es mejor la coliflor o el repollo. Y puede ser una mascota longeva para su tamaño puesto que suelen vivir de 4 a 5 años.

En estado salvaje su vida está amenazada por pesticidas y herbicidas que los labradores suelen echar en sus cultivos para protegerlos de las plagas, pero también hay animales (aparte de los humanos) que se los comen. Por ejemplo las serpientes, los sapos, las tortugas, algunas aves tanto terrestres como acuáticas, algunos escarabajos e incluso caracoles de otras especies.

La concha es fundamental para la vida del caracol de forma que si se rompe muere en poco tiempo, aunque si la fractura no es muy grande puede regenerarse. En caso de que cojáis un caracol y queráis lanzarlo hacia una zona donde esté más protegido, hacedlo siempre con la seguridad de que caerá en terreno blando, sobre césped o plantas para que la concha no se rompa.

Diego y yo solemos hacerlo cuando vemos que hay caracoles por algún camino de parque o jardín (por ejemplo después de llover) y queremos evitar que alguien los pise.

La reproducción de los caracoles es muy curiosa porque todos ellos son a la vez machos y hembras. Los científicos los llaman por ello “hermafroditas”.

El cruzamiento de los caracoles es bastante lento, se lo toman con tranquilidad de manera que puede durar de 10 a 12 horas. Primero hay un “coqueteo” que se suele llamar “danza” y que dura una media hora. Luego el que toma la iniciativa hace de macho e introduce el llamado “dardo del amor” en el que hace de hembra, todo ello a la altura del cuello de ambos.

Este es un momento del apareamiento en su fase de “danza”.
En este dibujo antiguo se puede ver con claridad cómo se unen el pene cargado de espermatozoides o “dardo del amor” del caracol que hace de macho con la vagina del otro que hace de hembra.


A todo esto la parte femenina del aparato reproductor del que hizo de hembra empieza a desarrollarse de manera que los óvulos están maduros y reciben los espermatozoides que los fecundan y transforman en huevos que son de color blanco y aspecto gelatinoso.

Entre 15 días o un mes después del acoplamiento, el caracol que hizo el papel de hembra hace un pequeño agujero en la tierra (de unos 4 cm.) y pone allí de 50 a 100 huevos. Eso la primera vez, luego suelen poner más, de 100 a 150, haciendo tres posturas a lo largo del año. Cada una de ellas le lleva al animalito de 1 a 2 días y de los huevos saldrán los pequeños caracolitos al cabo de 18 o 20 días. Pero hasta dentro de unos cuantos días no salen del agujero, siendo uno de ellos el que hace un pequeño túnel por el que salen todos los demás.

Al cabo de unos cuantos meses (entre 6 y 12) los caracoles jóvenes estarán en condiciones de reproducirse.

Caracol jovencito que ya camina llevando a cuestas su concha casi trasparente. Fijaros en los ojos, esos dos puntitos negros en las antenas.


Si a un caracol le ponéis el dedo delante cuando va caminando se retraerá y si seguís al final se meterá dentro de su concha.

Eso es lo que le ha pasado a este caracol que muestra su “enfado” replegándose sobre su concha.


Estos caracoles se suelen criar en cajas para obtener beneficios ya que desde tiempos inmemoriales han sido consumidos como alimento. Ya se los comían los hombres de las cavernas y luego, en tiempos históricos, los griegos y romanos también daban buena cuenta de ellos. Es curioso cómo han sido considerados desde manjares exquisitos hasta comida de pobres dependiendo de las circunstancias. La religión cristiana los consideraba “comida de cuaresma” pero en el siglo XIX volvieron a ser “platos de lujo”. En la actualidad gozan de cierto prestigio culinario, sobre todo en Francia.

Actualmente los caracoles también se crían para extraer de ellos la llamada “baba” que se ha descubierto posee unas propiedades terapéuticas importantes, sobre todo para la piel.

Un caracol parecido al que hemos descrito antes es el llamado “caracol de Borgoña” o “Helix pomatia” muy frecuente en Francia.

La concha de este caracol tiene colores más claros y pardos que el común.


Hay muchísimas especies de caracoles, tanto en nuestro país como en todo el mundo. Diego y yo nos encontramos este en Reinosa (ver comienzo del apartado “Lagartijas”) que pertenece a la especie “Cepaea nemoralis” o “caracol de los bosques”.

Aunque pegado a una pared, aquí vemos un primer plano de este “caracol de los bosques”.


Cuando veáis caracoles en un jardín, en un parque o paseando por el campo, observad las cosas que hace, como camina, como come… Intentad oír el roce de su rádula sobre los vegetales. Se oye de verdad e incluso se ha grabado, eso sí, en absoluto silencio. Será complicado que los veáis haciendo el amor, pero quien sabe. Y a lo mejor podéis ver los pequeños caracolillos saliendo del agujero donde nacieron. O bien a los pequeñitos que empiezan a dar su primeros “pasos”.

A lo mejor compráis baba de caracol para la piel. O los probáis en un guiso exquisito. En esto último me habréis superado porque yo he sido incapaz de hacerlo. ¿Será porque cuando era un niño me encantaba tenerlos en casa y alimentarlos hasta que terminaba soltándolos en el jardín del colegio?

 

Nota: El esquema del caracol es de un antiguo libro de texto de la Editorial ECIR (los utilizaba cuando era profesor de Naturales). Hemos consultado las páginas web “benditos caracoles” (donde se explica la forma de criarlos), “gireaud.net” (donde vienen muchas especies con fotos), “alaquarium.net”, “bichos.com”, “visualcom.es” (donde cuentan muy bien su vida) y Wikipedia. De la última hemos sacado la foto de “Helix pomatia”, así como el dibujo y la foto de la reproducción y de la penúltima la del caracol “enfadado”.

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